El verdadero objetivo de Ariel Sharon

Jonatan Peled
30 de marzo de 2002



En sus declaraciones o conversaciones públicas, un político no reconoce nunca cuáles son sus verdaderos objetivos. Más bien, han de ser deducidos de la práctica y las acciones reales del político en cuestión. En cuanto a Ariel Sharon, debemos señalar que los medios de comunicación dedican mucha más atención a sus declaraciones que a la lógica interna de la política que pone en práctica. La gente se pregunta si Sharon tiene una línea política clara, una línea que vaya a cristalizar en algo, un fin... si tiene o no una estrategia.

Para responder a lo anterior, veamos lo que en realidad se ha hecho bajo su liderazgo.

1. Desde el momento en que las oficinas de las organizaciones responsables de la seguridad palestina se convirtieron en objetivo primordial de las acciones de venganza israelíes o simplemente de los ataques aéreos, y al mismo tiempo que se exigía a la AP que luchara de manera contundente contra los "terroristas", la contradicción entre ambos factores se hizo más que obvia: si lo que se pretende que la AP luche contra el "terrorismo", no se puede acabar con sus órganos ejecutivos. Si se hace, bajo el débil pretexto del "castigo", pero al mismo tiempo se sigue exigiendo (bajo la amenaza de un ultimátum) que se detenga a todo "terrorista" que lucha contra Israel, esta contradicción aparente no puede tener más que una interpretación posible: a la AP se le está presentando una exigencia que podría parecer lógica, pero en realidad se evita que existan los medios para poder cumplir dicha exigencia, incluso cuando ese medio estaba dispuesto a cumplir. Así se justifica la destrucción continuada (denominada "castigo", etc.) de la AP y sus órganos ejecutivos.

2. A lo largo de todo el año pasado, ambas partes alcanzaron varios acuerdos de alto el fuego bajo presión internacional. Siempre que la violencia empezaba a disminuir, se producía un ataque israelí contra líderes políticos o militares de la población local cuidadosamente elegidos que producía una explosión de terrorismo palestino en las calles de Israel. Dado que esta política del gobierno de Sharon se convirtió en algo continuado, cuesta creer que fuera simple coincidencia. Más bien, cabe concluir que a Sharon (al igual que ocurre con Hamas del lado palestino) no le interesó nunca reducir los niveles de violencia. Al contrario: hizo todo lo posible por propagar el incendio. ¿Por qué? Hablaremos de ello un poco más adelante.

3. El cerco y el bloqueo impuestos sobre la población palestina desde hace más de un año no pueden detener las acciones suicidas dentro de Israel. Cuestión que muchos responsables de los cuerpos de seguridad y militares israelíes ya han explicado públicamente. Por otro lado, ambos métodos son un modo extremadamente eficaz de impedir que los órganos ejecutivos y de gobierno de la AP funcionen. Por lo tanto, ¿qué objetivo persiguen?

4. La conclusión más obvia que se desprende de la anteriormente descrita línea política (es decir, impedir el funcionamiento de la administración palestina y acabar con su infraestructura y sus órganos ejecutivos) sólo puede ser la siguiente: que la línea política real, si bien no declarada abiertamente, del gobierno israelí que dirige Ariel Sharon, ha sido desde su establecimiento lograr una escalada de la violencia con un objetivo a corto plazo; a saber: la desintegración de la AP. A finales de marzo, esta política parecía haber conseguido casi todos sus objetivos.

5. Un razonamiento similar fue lo que condujo a la invasión brutal por parte del Ejército israelí de ciudades y campamentos de refugiados.

Las fuerzas de seguridad palestinas se componen de cerca de 40.000 "policías" que funcionan de hecho como una especie de Ejército regular de la AP. Hasta ahora, ninguna de estas unidades policiales habían tomado parte en la lucha contra Israel, a pesar de que algunos policías se habían unido a título individual a organizaciones políticas paramilitares vinculadas a Fatah, Hamas, el Frente Popular o el Jihad). Sharon y los altos mandos del Ejército israelí entienden que un Ejército regular tiene grandes dificultades a la hora de hacer frente a la guerrilla, así que intentaron arrastrar a las fuerzas regulares palestinas hacia el combate: un combate en el que la superioridad militar israelí quedaría bien patente y se eliminarían para siempre los restos de las fuerzas palestinas.

Esta línea de actuación fracasó, al menos durante la primera etapa del conflicto: los palestinos se negaron a jugar el papel que Sharon quería ofrecerles. Abandonaron las ciudades y los campamentos y no se enfrentaron a la maquinaria militar israelí. En lugar de ello, optaron por aumentar los ataques terroristas contra la población civil israelí.

Actualmente el Ejército israelí ha reanudado su invasión contra la población civil palestina y lo poco que queda de la Autoridad Palestina. Creen que "lo que no pudo conseguirse por la fuerza se conseguirá... con más fuerza". Es difícil hacer frente al sentimiento que provoca pensar que ésta es la respuesta del gobierno de Sharon al plan de paz presentado hace apenas unos días por los países árabes en pleno.

6. Si finalmente se acaba con la AP (algo que parece prácticamente seguro), debemos preguntarnos a nosotros mismos y a nuestro gobierno... Quo vadis? ¿Hacia dónde vamos? ¿Pretenden realmente Sharon y sus socios reforzar el control sobre los Territorios Reocupados con la población palestina dentro y establecer de facto ese "Gran Israel" sobre una tierra poblada por un 60% de judíos y un 40% de palestinos, una tierra en la que los palestinos serán mayoría durante la próxima década?

Difícil de creer. Existen claros indicios de que Sharon y sus socios de la ultraderecha pretenden "resolver" este dilema recurriendo a lo que en la terminología común del panorama político israelí se conoce como "transfer": la expulsión de la población palestina en su totalidad o en gran parte, hacia la orilla este del Jordán y el Reino de Jordania. En la terminología habitual del derecho internacional, esta política se conoce como "limpieza étnica".

'Transfer'?

1. Cuando Sharon invadió Líbano en 1982, su objetivo era el de "reorganizar" Oriente Medio.

Nunca ocultó sus planes, al contrario: durante una conferencia pronunciada en la Academia Militar de Altos Mandos en febrero de 1982, presentó su plan con todo detalle ante una audiencia compuesta por altos mandos militares. El plan recibió el nombre de "Operación Pinos". Parte del plan consistía en establecer un Estado palestino a costa del Reino de Jordania, deportando a los refugiados palestinos del Sur del Líbano hacia el Norte de Jordania y "animando" a la población palestina para que emigrase desde "Cisjordania" y "Gaza" hacia ese nuevo Estado palestino. Así, Sharon pretendía dar a los palestinos un Estado soberano y alcanzar el sueño del "Gran Israel".

2. Sharon utilizó todos los cargos políticos que ha ocupado durante los últimos 20 años para crear hechos sobre el terreno en toda Cisjordania y, hasta cierto punto, en la Franja de Gaza, con el objeto de impedir cualquier posibilidad de desarrollo de la soberanía palestina. Durante todo este periodo, Sharon ha establecido nuevos asentamientos judíos entre las ciudades y pueblos palestinos de un modo bien planificado con el objetivo de dividir los territorios palestinos e impedir que exista continuidad entre los pedazitos palestinos. En la actualidad, el número de colonos y el desarrollo de los asentamientos hacen viable este objetivo.

3. La conclusión que Sharon extrajo del fracaso de su plan megalómano en la guerra del Líbano fue, al parecer, que un programa tan ambicioso únicamente podría tener éxito si contase con el apoyo masivo de la opinión pública judía israelí. Razón por la cual la existencia de un "gobierno de unidad nacional" es tan importante para él. Sharon entiende que solamente así conseguirá llevar adelante su plan: expulsar a todos los palestinos (o a la mayor parte del pueblo palestino) hacia la orilla este del Jordán.

Es posible en la práctica?

A todos nos cuesta un poco concebir un escenario de consecuencia tan horrorosas. La mayoría de nosotros preferimos decir que "aquí, algo así no puede pasar", "el mundo lo detendrá", etc. Si aceptamos ese pronóstico, la consecuencia en el terreno moral es que tendríamos que hacer algo por evitarlo o, de lo contrario, seríamos cómplices. Bien, pero... qué hacer?
La mayor parte de nosotros no podemos hacer frente a semejante sentimiento de culpabilidad, así que preferimos reprimir o negar lo que es manifiestamente claro.
Bien: los últimos 100 años de historia nos enseñan que cualquier horror es posible. Examinemos ahora los hechos.

1. En una época de crisis nacional, cuando las personas pierden la noción de seguridad personal y no ven salida alguna a su situación, son capaces de cualquier cosa por muy lunática que parezca; incluido el hecho de dejar su destino en manos de un loco que promete soluciones simples para todos sus temores y su sentimiento de inseguridad. Uno tendría que estar ciego para no ver que la sociedad israelí está al borde de una crisis existencial de esa naturaleza. La pérdida de la seguridad que ha resultado de los ataques terroristas palestinos dirigidos contra civiles israelíes, la crisis económica, el paro alcanzando cotas máximas... todo esto ha hecho de la mayoría de los judíos israelíes una población madura dispuesta a aceptar un liderazgo mesiánico y una línea política propia de lunáticos.

2. La idea del "transfer" se ha convertido en un tema de discusión legítimo en el discurso público israelí. En una encuesta de opinión realizada a principios de marzo, el 46% de la población judía israelí se mostraba a favor de la expulsión del pueblo palestino. El 31% se mostraba igualmente favorable a la expulsión de la población árabe del interior de Israel. Dudo mucho que toda esta gente se haya parado a pensar en el lado moral de la cuestión o a considerar la cuestión desde el punto de vista del posible número de víctimas que resultaría de esto (judías y palestinas), o desde el punto de vista del propio futuro de Israel, de nuestro estatus en la comunidad internacional, o de la posibilidad de integrarnos pacíficamente en la región en la que vivimos, en un futuro no muy lejano. Simplemente, ya no quieren más árabes a su alrededor, y si alguien les promete eso, pues le siguen, y todos tan contentos.

3. La política de Sharon tiene como objetivo aumentar la desesperación del pueblo palestino: imponiendo bloqueos sobre ciudades y pueblos, impidiendo la libertad de movimiento de la población aún cuando se trate de llegar simplemente al pueblo de al lado, desintegrando los servicios civiles y sociales, aplastando la economía y haciendo que los niveles de desempleo lleguen al 60%... haciendo que cada vez haya más y más gente dispuesta a hacerse saltar por los aires, llenos de desesperación, odio y venganza. Si quieres expulsarlos, vas por buen camino...

Dentro de Israel, la desesperación también va en aumento, azuzada por los medios de comunicación. La gente tiene miedo de ir a comprar, de ir al supermercado, a un bar, o a una fiesta. Los suicidas palestinos pueden alcanzarles allá donde se encuentren. La economía está en horas bajas, las clases media y media-baja pierde poder adquisitivo, y todos los días cierra alguna tienda o alguna fábrica. El racismo y la idea del "transfer" van ganando adeptos rápidamente. Este es el contexto apropiado para crear un consenso nacional sobre la política de expulsión del pueblo palestino.

Es posible? Así de simple?

a. Expulsar a 3 millones de personas es técnicamente posible. La anchura de Cisjordania es de apenas 80 km. A pie, se puede atravesar en dos días. Le presión, las amenazas, las demoliciones masivas de casas, y algunas masacres de carácter limitado podrían hacer que la población palestina se encontrase, en el plazo de una semana, en la orilla Este del Jordán.

b. Un plan como éste solamente podría llevarse a cabo cuando se dieran las circunstancias apropiadas tanto en el ámbito nacional como internacional. Por ejemplo, si EEUU estuviera ocupado en Iraq, Israel podría incrementar sus ataques contra la población palestina simultáneamente. La reacción provocaría la aparición de montones de suicidas en las calles de Israel, lo cual a su vez sería seguido de un movimiento popular de parte de una población judía aterrorizada que exigiría la expulsión de todos los palestinos ­ añádase a ello la creciente tensión que podría provocar una guerra limitada en la frontera libanesa junto con posibles altercados con la población árabe del interior de Israel... no es demasiado difícil imaginar un escenario en el que sería posible la expulsión masiva.

c. Ejemplos de desastres similares abundan en todo el mundo durante la última década: Bosnia, Kosovo, Ruanda, el caso del pueblo kurdo, Chechenia, etc. La intervención internacional siempre ha sido dubitativa, y casi siempre se ha producido demasiado tarde. No tengo razones para suponer que en esta ocasión la cosa fuera a ser diferente. Aún cuando NNUU, EEUU o la UE quisieran intervenir, técnicamente la intervención no podría producirse antes de 3 o 4 semanas. Para entonces, Cisjordania ­ y quizás la Franja de Gaza ­ ya se habrían vaciado de palestinos.

Haría algo la izquierda israelí?

a. No. Estamos imaginando un escenario en el que se activarían normas de emergencia y se suspenderían los derechos civiles (al menos parcialmente). Y, lo que es más importante: la política del "transfer" contaría con el apoyo masivo de la población judía israelí.

b. Incluso en la actualidad, la izquierda israelí (o mejor dicho, los denominados "pacifistas") apenas existen como factor político significativo. Se trata de grupos pequeños e individuos que intentan luchar a la desesperada contra el espíritu nacionalista y racista imperante, un espíritu que podríamos calificar de fascista. Sería lógico pensar que algunos cientos o miles de personas intentarían detener la dinámica de expulsión. ¿Y qué? Hasta ahora, cientos de miles de palestinos permanecen encarcelados en campos de detención (aunque en la primera intifada hubo muchos más): estoy seguro que también habrá sitio en esos lugares para unos cuantos cientos o miles de izquierdistas.

Conclusiones

a. El escenario que he descrito anteriormente no pretende ser determinista. Si bien no tengo dudas de que el objetivo final de Ariel Sharon y la extrema derecha es el que he descrito, existen diversas fuerzas locales e internacionales que podrían llegar a evitar que ese plan se cumpla. En primer lugar, los pacifistas israelíes tienen que ser conscientes de cuál es el objetivo de Sharon y no irse por las ramas ni ser presa de sueños poblados de convenientes dudas e ilusiones. El despertar podría ser demasiado tardío y demasiado terrible.

b. Debemos luchar contra los devastadores eslóganes que llaman a la "unidad nacional". Su verdadero significado es: no os opongáis al camino en el que nos encontramos, que no es sino el de la expulsión de un pueblo vecino, la destrucción de nuestra democracia y de la propia existencia futura de nuestro país.

c. En este contexto, la negativa de algunos soldados de servir en los Territorios Ocupados es extremadamente importante. Solamente una ruptura clara dentro del propio Ejército podrá detener los planes lunáticos de Sharon. El liderazgo militar es muy consciente de cuál es el ambiente que se respira, especialmente dentro del Ejército, y muy significativamente entre los reservistas. La negativa de los reservistas a tomar parte en este juego puede dar lugar a que muchos de los comandantes del Ejército terminen oponiéndose a los planes de Sharon.

d. Es importante la movilización de ciertos sectores del pueblo judío en el extranjero, que comprenden que apoyar a Israel no significa aceptar cualquier locura de su gobierno y que el verdadero interés de Israel no está en la consecución de una fantasía mesiánica, ni en hacerse con más territorios, sino en la creación de un lugar próspero y seguro para el pueblo judío. Solamente si nuestros vecinos disfrutan de seguridad y prosperidad será posible alcanzar este objetivo. Así de sencillo.

e. A corto plazo, el medio más importante para evitar el deterioro de la situación es la presión internacional, incluso la intervención, antes de que ocurra lo peor. Todos los esfuerzos que pretendan conseguir la intervención exterior en el conflicto palestino-israelí, que ya va camino de convertirse en un desastre regional, son tremendamente importantes.

Y, si a pesar de todo esto algo ocurre, no digáis que no lo sabíais.


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